miércoles, 17 de octubre de 2007

En el mismo momento que dejásemos de construir...se derrumbaría todo.

(El Roto, El País, 7-12-2005)



Hacia el fin de la era del ladrillo

El ritmo frenético de la construcción española, con sus 750.000 viviendas anuales construidas en la última década, hoy en dia parece haberse agotado. Con un poco de retraso, empiezan a verse los efectos de la caída en la Bolsa de las principales inmobiliarias, generada el pasado mes de abril por el derrumbe de Astroc, que perdió dos terceras partes de su valor. Las ventas de viviendas cayeron en marzo de 2007 un 30% frente al mismo mes del 2006 y se prevé que, a partir del segundo trimestre de este año, la burbuja inmobiliaria se deshinche con rapidez. Los primeros efectos afectarán probablemente la ocupación, ya que según los cálculos de SEOPAN 100.000 viviendas menos al año significarían la perdida de 200.000 empleos. En los últimos meses, en Cataluña, se registraron los peores datos de paro de los últimos 10 años: el desempleo subió un 4,11%, lo que representa una pérdida de 12.000 puestos de trabajo en el sector de la construcción. Mas que una “desaceleración moderada” o un “aterrizaje suave” del sector, según las antiguas previsiones de bancos e inmobiliarias, un frenazo bastante brusco.

La “era del ladrillo”, empresa en la que se embarcó España hace ya 10 años, se puede dar por concluida y será probablemente recordada en la historia de l’economía como el mayor proceso especulativo del capitalismo.




El milagro español y sus efectos segundarios

Durante la última década la actividad inmobiliaria en España se ha caracterizado por un frenesí nunca visto. El país contaba con 816.000 viviendas empezadas en el 2005, un dato que superaba de mucho los construidos en Francia, Alemania y Gran Bretaña juntos, países con una población cuatro veces mayor. Otro récord, España representa actualmente el país de la UE con mas viviendas por habitante (23 millones en el 2004), una cada dos habitantes, en el que más se construye (860.000 previstas en el 2006[1]), y en el que el derecho a la vivienda es más difícil cumplir [2]. Si hace 50 años los españoles que vivían de alquiler eran mayoritarios, actualmente resulta que la relación se ha invertido. Se calcula que hoy en día solo el 1% de los 23 millones de viviendas en el mercado inmobiliario se destinan al alquiler. 15,5 millones se destinarían a primera vivienda, 5,3 millones a la segunda y algo más de 2 estarían vacías.

En esta transformación de un país entero de arrendatario en propietario (o aspirante) influyeron los bajos tipos de interés hipotecario, la falta de control de los precios del mercado inmobiliario y una insuficiente intervención de la administración. Un cambio que, a lo largo de casi diez años, ha representado una revolución no solo económica, sino también cultural y, sobretodo, ha comportado profundos cambios en el paisaje. Un modelo ambiental insostenible que ha llevado a la edificación en el 34% del litoral mediterráneo, a la concentración en las áreas metropolitanas del 80% de la población (en 1960 solo el 49% residía en ellas) y al progresivo abandono y deterioramiento de las remanentes zonas agrícolas.

Especulación inmobiliaria y corrupción han llevado la situación a niveles críticos. El pasado mes de diciembre de 2006 Miloon Kothari, asesor especial de Naciones Unidas para la vivienda, visitó durante 12 días el país, algo que nunca pasó en la UE, y al final de su visita afirmó: “Hay especulación en otros países, pero en España llama la atención lo rápido que ésta ha tomado el control del mercado y, además en España no se ha desarrollado de forma paralela una política publica adecuada. (...) Las políticas de los últimos decenios han priorizado la propiedad privada; eso, junto a los extremos niveles de corrupción, impiden al 20-25% de la población, los que tienen las rentas mas bajas, sobre todo los inmigrantes, acceder a una vivienda digna. (...) Esto no es sostenible ni desde el punto de vista económico, ni desde el punto de vista de los derechos humanos.” (El País, 2 de diciembre de 2006).


[1] Datos del estudio: “Cambios de ocupación del suelo en España: implicaciones para la sostenibilidad”, elaborado por el OSE (Observatorio de Sostenibilidad en España). La Vanguardia, 14-6-2006

[2] Según el Art. 47 de la Constitución Española los partidos de gobierno están obligados a “promover las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo el derecho a una vivienda digna y adecuada, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”



Acomodados, vulgares y satisfechos

El país sufre hoy las consecuencias de ser el segundo destino turístico mundial, con 55 millones de visitantes cada año, y el primero de verano, del sol y playa. La arquitectura española llena las revistas especializadas y algunas ciudades se han convertido en modelo (la Barcelona post-olímpica, la Bilbao del Guggenheim), pero lo que realmente ha pasado ha sido la expansión “en mancha de aceite” de los núcleos urbanos, la construcción masiva de segundas residencias cerca y en la línea de costa y la creación de más de la tercera parte de las grandes superficies comerciales existentes. Según Luis Fernández Galiano: “El territorio es siempre un retrato físico de la cultura que lo ha modelado y, nos guste o no, los nuevos paisajes españoles reflejan con exactitud lo que hoy somos: acomodados, vulgares y satisfechos.” (El País, 22 de abril de 2006)

Detrás de este “milagro” económico, las recientes encuestas judiciales han sacado a la luz la presencia de una trama de corrupción que toca a todos los ambientes ligados a los negocios inmobiliarios: reciclaje de dinero negro (la operación “ballena blanca”), la construcción ilegal (cerca de 100.000 construcciones ilegales), la venta ilegal de viviendas protegidas a precios más altos, el mobbing inmobiliario. Se calcula que en España, el pasado mes de noviembre, circularan 411 millones de billetes de 500 euros, los que se conocen como los “Bin Laden”, porque nadie saben donde están, o sea el 26,6% de la totalidad de billetes que circulan en la zona Euro.

A pesar de que el boom inmobiliario haya favorecido directamente e indirectamente gran parte de la población, este enriquecimiento resulta hoy, después de 12 años de crecimiento económico ininterrumpido, solo aparente. Entre el 1998 y el 2006 se construyeron en España 5,5 millones de viviendas y los precios subieron una media del 173,2%. En cambio los precios de consumo y los salarios crecieron solo un 30% y el endeudamiento medio familiar pasó del 45% en el 1990 al 60% en el 2004. Una de las causas de la explosión de la burbuja especulativa de los EEUU en el pasado verano fue la elevada deuda contraída por las familias, un 128% sobre la renta según fuentes del Banco de Italia. España, con su 112%, en el 2005, no esta muy lejos.

El sistema se fue consolidando sobre la falsa esperanza que los precios de las viviendas nunca habrían bajado y que nunca lo harían, una convicción que causó la creciente fiebre de “enriquecimiento exponencial”. Si, por coyuntura económica o por la consecuente caída de demanda, los precios tuvieran que caer, como muchos analistas han anunciado, esto significaría el desastre, sobretodo para quien contrató una de las 3,3 millones de hipotecas en los últimos dos años.

Hacia el nuevo ciclo de “políticas sociales”

Para paliar una inevitable crisis, el Gobierno sustituyo la anterior “Ley del suelo” del 1998, la del “todo urbanizable”, con la nueva que entró en vigor el pasado de julio. El nuevo instrumento impone una reserva del 30% del suelo en todo proyecto urbanístico para destinarlo a viviendas de protección oficial y establece un sistema de valoración que se acerque más al valor real de los terrenos. Además el Plan de Vivienda 2005-2008 introdujo una nueva tipología de vivienda protegida: un 20% más cara que la de tipo tradicional. En fin, a pesar de reconocer la existencia de una gran cantidad de viviendas vacías y de que el precio de las que están en el mercado sea sobrevalorado, se seguirá protegiendo e impulsando el sector de la construcción. Josep Maria Montaner, arquitecto y catedrático Escuela de Arquitectura de Barcelona (UPC), escribía hace algunos meses: “... cuando el sector de la construcción no obtiene tantos beneficios y aparecen movimientos sociales de protesta, se debe volver a las políticas sociales de vivienda para reanimar el sector inmobiliario, introduciendo capital publico. Las llamadas políticas de vivienda social en el capitalismo son siempre coyunturalmente economicistas y no sociales, para reactivar un sector en crisis que es motor de la economía.” (El País, 5-1-2007)


(articulo publicado en www.revistaonline.com, la fotos son de david bravo)