martes, 30 de septiembre de 2008

Guatemala, la ciudad del miedo


La foto es de david,el escaparate de una calle de Barcelona,
el texto de Oscar, desde Guatemala:


El impacto

En Guatemala según las estadísticas oficiales fallecen 15 personas diarias asesinadas o de muerte violenta, hay que tener en cuenta que este país tiene 12 millones de habitantes censados, de los cuales uno y medio viven en EEUU. En proporción es como si en el Estado español fueran asesinadas 60 personas diarias. Las semana pasada 5 conductores de autobuses fueron muertos tras ser asaltados por mareros una especie de pandillas callejeras mafiosas. Las màs famosas son la M!8 y la Salvatrucha. "En respuesta" 2000 policías y 1000 soldados asaltaron un barrio periférico de Guatemala city. Se detuvo a varias personas sin embargo no parece que el problema vaya a solucionarse, ya que en sólo 6 meses 42 conductores de bus han sido asesinados en actos de piratería urbana.

A pesar que hay mucha policía por las calles todo el mundo tiene sensación de inseguridad. De hecho cuando llegas a Guatemala como cooperante, el jefe de seguridad de la AECI (agencia española de cooperación) te dice que no puedes salir por las noches, no puedes salir de zona 10 (zona de embajadas y hoteles caros),no puedes subir en autobús, y sólo en taxis amarillos también existen unos blancos que son más baratos. Por suerte no tuve tal reunión.

Cuando llegue hace una semana una compi de Veterinarios Sin Fronteras, me invitó a ir al Salvador a la playa ya que el lunes era fiesta y hasta el martes no empezaba el curro propiamente dicho. Durante el viaje, en un autobús escolar de origen estadounidense ye unos 50 años de antigüedad, pude observar enormes cantidades de publicidad en la carreta, Mc donald, Brguer King,Pollo campero (una especie de Kentucky fried Chicken del sur, pizza Hut, telepizza, Sarita, Wendys etc..En resumen un montón de lugares no lugares. Cuando entras en uno de ellos es como si tuvieras el poder de teleportarte a cualquier parte del mundo, la misma comida, decoración, olores, eso sí siempre dentro de burbujas de globalización.

El miedo

Sin embargo eso no me llamó demasiado la atención, estamos muy cerca del gran yankee y bueno ya se sabe, en un país donde el embajador del Tío Sam tiene más poder que muchos ministros, es normal que todas la multinacionales de EEUU estén como en su casa.. Lo realmente impresionante era la proliferación de vallas publicitarias sobre condominios, es decir urbanizaciones cerradas, amuralladas, con todos los servicios dentro. El argumento central de la publicidad giraba en torno a la seguridad. Existe un periódico llamado "Nuestro Diario" cuya página principal todos y cada uno de los 15 días que llevo en el país aparece en portada una muerte violenta, el otro periódico principal llamado "Prensa libre" siempre dedica sus dos páginas a hablar de las maras y los asesinatos. De hecho estas noticias ocupan los lugares principales en Telediarios, radios y prensa escrita. Sin ir más lejos hoy mismo, la noticia principal es la absolución de unos maras de la Salvatrucha. Tipos con pinta de malos realmente. Un papel secundario ocupan las constantes deportaciones de guatemaltecos residentes en los EEUU, de hecho en lo que va de año 13.700 guatemaltecos han sido deportados, el repunte del VIH o el crecimiento de la pobreza después de dos años de aprobación del Tratado de Libre Comercio, que ya alcanza al 60% de la población.

Existe una industria de la seguridad, no se puede caminar más de 100 pasos en Guatemala Ciudad sin toparse con guardias privados armados con escopetas recortadas. Cuando hablas con campesinos y les peguntas sobre la migración no es extraño encontrar respuestas del tipo "para que voy a migrar para guardar a los ricos" en referencia a convertirse en policías privados. La policía patrulla las calles en pick- ups armados con fusile de asalto M-16, ametralladoras cortas UCI y escopetas de cañones recortados. La mayoría de las casas lucen rejas en puertas y ventanas y muchos comercios sólo atienden a través de barrotes que permanecen cerrados todo el tiempo. De hecho la sede de VSF-Francia en la capital se encuentra en un condominio con una sola entrada donde todas las casas dan a una calle central. La entrada a este condominio está vigilada las 24 horas por un guardia de seguridad (sin escopeta) y las vallas que circundan el perímetro tienen cristales o clavos en lugar de alambre de espino. Además se encuentra escaso medio kilómetro del congreso guatemalteco. Por su ubicación cerca del centro y la inexistencia de cámaras de video-vigilancia y alambre de espino, se nota que es una urbanización de clase media, ya que las clases altas se agrupan o bien en el distrito de embajadas y hoteles de zona 10. Ahí están los mejores hoteles, la embajada de los USA, la AECI y los locales de moda. O bien en urbanizaciones fortificadas lejos de la ciudad. Alrededor de la Guatemala existen varias villas miserias. Al atravesar algunas de estas zonas con el autobús (todavía no me atrevo a bajarme del bus), es imposible vislumbrar alguna presencia del estado más allá de coches patrullas circulando a toda velocidad. Ni edificios oficiales, ni dispensarios médicos sólo alguna miserable escuela. Los cables de la luz cuelgan postes de madera destartalados y forman una madeja caótica. (Unión Fenosa es la empresa que controla el suministro eléctrico en mayoría del país). Estos barrios , aunque olvidados por el gobierno en lo que se refiere a servicios sociales, juegan un papel crucial en la política del miedo. Cada día aparecen en los noticieros, tiroteos, muertos, redadas, violaciones y los omnipresentes mareros. Tipos tatuados de aspecto siniestro que son mostrados sin posibilidad de ocultar sus caras tras ser detenidos. Estas caras se cuelan cada día en las casas de doce millones de guatemaltecos convertidos en la reencarnación del mal. El miedo a la mara, su control y erradicación vertebran la política Guatemalteca y por lo que se también de la Salvadoreña.

Los otros

Una minoría enriquecida de políticos, finqueros del café, azúcar, y ganaderos junto con empresarios del turismo viven en una sociedad aparte con seguridad, sanidad y servicios propios, una pequeña clase media intenta seguir sus pasos aunque la creciente desigualdad reduce sus posibilidades. Una enorme capa de asalariados, campesinos pobres y lumpen proletarios sólo tienen acceso a una sanidad pública en la que uno quiere ser atendido debe llevar las vendas e incluso los guantes para el médico. El estado guatemalteco podría casi clasificarse como fallido, es prácticamente incapaz de recaudar impuestos directos con los que dotarse de recursos propios, todas las empresas antiguamente estatales están hoy privatizadas, la última de ellas la de telefonía lo fue después del huracán Mitch. Después de 40 años de conflicto armado en el que los gobiernos y grandes empresarios agrícolas frustraron la reforma agraria estos siguen saqueando la riqueza del país. Ellos fueron los patrocinadores de las PAC (Pratullas de Autodefensas Civil) que junto al ejército causaron la muerte o desaparición de 200.000 personas, más de 6 veces los muertos causados por la dictadura Argentina. Ellos son los monstruos a los que la población debería temer, ellos son los monstruos que impiden a los guatemaltecos el acceso a la sanidad, ala alimentación, a la vivienda. Ellos son los han generado las condiciones para que surjan las maras, ellos son los que las utilizan como hacía el gran hermano de Orwell para los dos minutos del odio. No obstante esos monstruos de aspecto europeo, más concretamente español, viven en sus palacios sin que nadie les moleste. La sociedad Guatemalteca soporta altas dosis de violencia, la de las maras es real y no es despreciable sin embargo no deja de ser las migajas del banquete principal. Tanto por la proporción cómo por el origen ya que sin el banquete existirían.


miércoles, 3 de septiembre de 2008

El futuro será aburrido


Una exposición sobre el escritor al CCCB, JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio.


Ballard, I believe

Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para soltar las riendas de la verdad dentro de nosotros, para demorar la noche, para trascender la muerte, para congraciarnos con los pájaros, para ganarnos la confianza de los locos.

Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de los choques de autos, en la paz de los bosques sumergidos, en la excitación de las playas de vacaciones cuando están desiertas, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de muchos pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.

Creo en las pistas olvidadas de las Islas Wake, apuntando hacia los Pacíficos de nuestra imaginación.

Creo enla misteriosa belleza de Margaret Thatcher, con el gancho de su nariz y el brillo de su belfo; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en mi sueño de Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un olvidado motel de carretera mientras los vigilan con el tubo de un tanque de gasolina.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus imaginaciones, tan próximas a mi corazón; en el momento que apoyan sus cuerpos desencantados sobre el encantado cromo de los mostradores en los automercados; en la calidez con que toleran mis propias perversiones.


Creo en la muerte del mañana, en la fatiga del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de la sonrisa de las azafatas en los autobuses de larga distancia y dentro de los ojos cansados de los hombres que controlan el tránsito en los aeropuertos fuera de temporada.


Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las 69 posiciones de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Lady Di, en los dulces olores que emanan de sus labios cuando ellos miran las cámaras del mundo entero.


Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en el humor lunático de las flores, en las enfermedades aportadas a la raza humana por los astronautas del Apolo.


Creo en nada.


Creo en Max Ernst, Paul Delvaux, Dalí, Goya, Ticiano, Leonardo, Vermeer, De Chirico, Magrite, Redon, Durero, Tanguy, el cartero Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon y todos los artistas invisibles recluidos en los psiquiátricos del planeta.

Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en el propósito asesino de la lógica.

Creo en las adolescentes, en cómo se corrompen a sí mismas por la posición que adoptan sus largas piernas, en la pureza de sus cuerpos desarreglados, en los bellos púbicos que dejan en los baños de los moteles más infames.

Creo en el vuelo, en la belleza de las alas y en la belleza de todo lo que ha volado siempre, en la piedra arrojada por un niño con la misma sabiduría de los estadistas y de las parteras.


Creo en la delicadeza de los bisturís quirúrgicos, en la ilimitada geometría de las pantallas de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la charlatanería de los planetas, en la repetitividad de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.

Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Jonathan Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.

Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.

Creo en los diseñadores de las pirámides, del Empire State, del bunker de Hitler en Berlín, de las pistas de aterrizaje en las islas Wake.

Creo en los olores del cuerpo de Lady Di.

Creo en los próximos cinco minutos.

Creo en la historia de mis pies.

Creo en los dolores de cabeza, en el aburrimiento de los atardeceres, en el miedo de los calendarios, en la traición de los relojes.

Creo en la ansiedad, en la psicosis y en la desesperación.

Creo en las perversiones, en las obsesiones con árboles, princesas, primeros ministros, bombas de gasolina muertas (más hermosas que el Taj Mahal), nubes y pájaros.

Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.

Creo en Tokio, Benidorm, la isla Wake, Eniwetok, Dealey Plaza.

Creo en el alcoholismo, en las enfermedades venéreas, en la fiebre y en el agotamiento.

Creo en el dolor.

Creo en la desesperación.

Creo en todos los niños.

Creo en los mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, horarios de aviones, tableros de aeropuertos.

Creo en todas las excusas.

Creo en todas las razones.

Creo en todas las alucinaciones.

Creo en todos los pleitos.

Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones.

Creo en el misterio y en la melancolía de una mano, en la gentileza de los árboles, en la sabiduría de la luz.