lunes, 27 de julio de 2009

El derecho a la vivienda en tiempos de crisis





Las manos sobre la ciudad


En el curso de los últimos años se organizaron en Barcelona dos ciclos de cine dedicados al derecho a la vivienda. En la selección del material se decidió prescindir del género documental, optando por buscar algunas obras significativas que permitieran reflexionar sobre lo que estaba sucediendo en España y sus ciudades respecto a la crisis de la vivienda y la especulación inmobiliaria.
La búsqueda no fue sencilla y salvo algunas obras estrenadas recientemente
, gran parte de las películas que se incluyeron en los programas fueron rodadas en tiempos muy lejanos. El neorrealismo italiano había dedicado mucho espacio al problema de la vivienda produciendo obras maestras como El techo y Umberto D., ambas de Vittorio de Sica. Se proyectaron películas como El pisito, de Marco Ferreri, en la que se abordaba el tema de los “realquilados”, los inquilinos que comparten piso en la lejana España del 1958. Para la joven pareja protagonista, tras 12 años de compromiso, la única posibilidad de acceder a una vivienda era que el novio se casase con la octogenaria propietaria del piso y esperara su deceso.

Una de las películas clave del ciclo fue sin duda Las manos sobre la ciudad, realizada en 1963 por el director italiano Francesco Rosi, en la que se reflejan los efectos sociales de la especulación urbanística sobre la ciudad de Nápoles, producto de la alianza entre políticos corruptos y grandes especuladores.

Lo sucedido en España en los últimos diez años volvió de repente familiares todos estos fenómenos: los realquilados, la infravivienda, la crisis del alojamiento, la especulación salvaje, la corrupción urbanística. Todos problemas que con toda seguridad nunca habían desaparecido pero que alcanzaron una enorme difusión durante la llamada “era del ladrillo” recientemente concluida. ¿Es posible que nada haya cambiado desde entonces?

La herencia de “la era del ladrillo”

El ciclo de fuerte desarrollo económico que se acaba de concluir en España, marcado por un crecimiento que dependió en gran parte de la construcción, ha dejado una herencia difícil de digerir. Los españoles vieron en los últimos años como el poder adquisitivo de sus salarios iba bajando mientras los precios de la vivienda se disparaban. España fue el país desarrollado que experimentó el mayor aumento de precios al respecto: según el Banco de España entre 1998 y 2005 el precio del suelo aumentó el 500% y el de la vivienda un 150%. Mientras los precios de la vivienda subían las administraciones públicas abandonaban la inversión en vivienda de protección, dejando en las manos del libre mercado un derecho básico. Se calcula que actualmente en el país solo el 2% de las viviendas son públicas y de estas solo una parte mínima se dedica al alquiler social.

En el mes de diciembre de 2006 Miloon Kothari, asesor especial de Naciones Unidas para la vivienda, visitó durante varios días el país -algo que nunca pasó en la UE- y al final de esta afirmó: “Hay especulación en otros países, pero en España llama la atención lo rápido que ésta ha tomado el control del mercado y además en España no se ha desarrollado de forma paralela una política publica adecuada. (...) Las políticas de los últimos decenios han priorizado la propiedad privada; eso, junto a los extremos niveles de corrupción, impiden al 20-25% de la población, los que tienen las rentas mas bajas, sobre todo los inmigrantes, acceder a una vivienda digna. (...) Esto no es sostenible ni desde el punto de vista económico, ni desde el punto de vista de los derechos humanos.” Palabras que cayeron en saco roto y de las que se hizo eco solo el movimiento por una vivienda digna, que en aquella época empezaba a organizarse.

Gran parte de la población, para poder acceder a una vivienda tuvo que endeudarse contrayendo hipotecas de 20, 30 y hasta 50 años. Todas viviendas a unos precios que la burbuja inmobiliaria hinchó a tal punto que según numerosos informes, resultarían sobrevaloradas en por lo menos un 30%. Un endeudamiento que el presidente de la AHE -Asociación Hipotecaria Española- consideraba en 2003 “positivo”. Muchas familias se encuentran ahora en la dramática situación de no poder asumir el pago de su hipoteca. Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Barcelona, habría por lo menos 300.000 personas que podrían ser desahuciadas en los próximos tiempos y las que podrán de alguna manera seguir pagando los intereses hipotecarios, estarán obligadas a destinar el 70% o más de su salario, no pudiendo dedicar este dinero a otros gastos como salud o educación .

Está claro que quienes realmente se beneficiaron de la especulación urbanística en España no fueron las personas que compraron una vivienda para vivir en ella sino las familias más ricas, los propietarios del suelo, los especuladores y muchos inversores extranjeros. Según el economista José Garcia Montalvo, la compra de una vivienda residencial sobre plano y su posterior venta podía generar plusvalías de hasta el 846% en menos de un año.

Un modelo ambiental insostenible

España acaba de recibir su cuarta condena de parte del Parlamento Europeo, desde que en 2005 la eurocámara aprobara un informe muy crítico con el urbanismo español. El informe del 2009 es obra de la diputada danesa Margrete Auken, que recuerda como “miles de ciudadanos europeos siguen siendo victimas de un sistema de urbanización masivo que en muchas ocasiones (…) ha ignorado sus derechos legítimos como propietarios, al tiempo que ha destruido el medio ambiente costero mediterráneo y los frágiles ecosistemas en muchas zonas del litoral y en interior de España.” Por esta razón pide a las autoridades locales la suspensión y revisión de todos los proyectos existentes hasta que no se haya comprobado su sostenibilidad medioambiental.

Estas conclusiones no pueden en absoluto considerarse algo novedoso para los poderes políticos. En septiembre de 2008 la Comisión Europea abrió una investigación sobre más de 250 urbanizaciones que se encontraban aprobadas o en trámite de aprobación por las entidades locales pero que carecían del informe favorable de las Confederaciones Hidrográficas. Tal impacto medioambiental de la construcción es algo que difícilmente se podrá corregir en las próximas décadas.

La percepción de este desbarajuste que afecta el territorio fue mínima durante el crecimiento económico. La arquitectura española llenaba las revistas con reportajes que aparentaban una producción de gran calidad y sobretodo sostenible. Daba la impresión que se construyeran solo modernas casas ecológicas.
Los escándalos urbanísticos parecían concentrarse sobre todo en zonas muy limitadas del país: Andalucía, Valencia, Marbella, etc. Pero la realidad era más bien otra. Cataluña por ejemplo, posee el mayor índice de urbanización de todo el litoral español y miles de viviendas han invadido los primeros quinientos metros de costa. La situación de su territorio interior no es mejor: crecimiento desordenado, urbanización dispersa, consumo indiscriminado de suelo.
A partir de los años 80 gran parte de las nuevas viviendas construidas fueron de tipología aislada o adosada. Este tipo de vivienda llega a formar por lo menos el 80% del parque de viviendas de los municipios más pequeños. Todas ellas con piscina, en un país con crónicas deficiencias de agua y crisis por sequía. Una realidad muy alejada del modelo de ciudad mediterránea compacta, muy discutido y apreciado entre los urbanistas.

Según el geógrafo Francesc Muñoz, el motor de esta suburbanización no fue tanto una libre elección, una vuelta a la vida en contacto con naturaleza, sino los elevados precios de la vivienda en los centros urbanos. Por paradójico que pueda parecer, la vivienda adosada resultaría más barata que una vivienda en un bloque en el centro urbano.

Barcelona por ejemplo, va expulsando progresivamente habitantes a causa de los altos precios de las viviendas de compra y de alquiler. La gentrificación está cambiando definitivamente el tejido social de la ciudad, relaciones vecinales y pequeñas actividades económicas que una vez se hayan perdido será imposible recuperar. Un ejemplo de actualidad lo representa el barrio de la Barceloneta, donde próximamente se inaugura el Hotel Vela, un rascacielos de lujo proyectado por el arquitecto Bofill, en primera línea de playa y al lado del antiguo barrio de pescadores. Actualmente el precio de una vivienda de alquiler en la Barceloneta es el más alto de Barcelona, mucho más alto que el del exclusivo barrio de Pedralbes- Sarriá .

Un cambio de modelo para salir de la crisis de la vivienda

La mayoría de las medidas tomadas por los organismos públicos para hacer frente a la crisis, han tenido hasta ahora como objetivo proteger y ayudar el sector de la construcción, en lugar de hacer efectivo el derecho de la ciudadanía a una vivienda digna. Cada vez que se habla de la crisis inmobiliaria se olvida una de sus principales causas: la actual sobreoferta de pisos en el mercado. España es el país que más construyó y el que posee más viviendas vacías de Europa -por lo menos 4 millones- una paradoja considerando la proporción de población necesitada que tiene. Viviendas que nunca han sido habitadas, que han cambiado de propiedad continuamente, haciendo incrementar los precios a través de la especulación sobre un derecho que tendría que considerarse básico.

Este enorme stock de viviendas vacías podría representar ahora una salida de este callejón por tres razones. La primera es que si se dedicara al alquiler social, podría ser la solución al problema habitacional de numerosas familias obligadas en este momento a malvivir en pisos sobreocupados o en condiciones precarias. La segunda razón es que las necesarias obras de rehabilitación de estas viviendas podrían absorber parte del paro del sector de la construcción, el más castigado por la crisis económica. En fin, hay que recordarlo, dando utilidad a este stock de viviendas vacías los distintos niveles de gobierno podrían dedicar los recursos públicos –nuestros impuestos- a otras actividades en lugar de generar desechos y consumir energía para construir más viviendas. La única solución racional y sostenible es utilizar lo que ya tenemos.

La película De latir mi corazón se ha parado, del director Jacques Audiard, se estrenó en Francia en el 2005. El protagonista se dedica al negocio inmobiliario, practicando la violencia para “liberar” los pisos ocupados o para reclamar el pago de los alquileres. La violencia inmobiliaria es un fenómeno bastante conocido entre los habitantes de Barcelona. Muchos de los arrendatarios de los pisos que siguen teniendo alguna forma de protección, como la “renta antigua”, ancianos en la mayoría de los casos, han padecido en los últimos años múltiples formas de acoso para que abandonaran sus pisos.

en: la ciudad viva

El País, 2 de diciembre de 2006

Entrevista a Miloon Kothari, El País 10 de marzo de 2008.

Informe sobre el impacto de la urbanización extensiva en España en los derechos individuales de los ciudadanos europeos, el medio ambiente y la aplicación del derecho comunitario, de Margrete Auken al Parlamento Europeo, marzo de 2009.

Bruselas investiga más de 250 urbanizaciones por carecer de agua, El País, 27 de septiembre de 2008

Los datos están incluidos en el informe de Greenpeace Destrucción a Toda Costa 2008

El precio por m2 en Marzo de 2009 es de 18,25 euros en el barrio de Barceloneta-Born-Santa Caterina y de 16,56 euros en Pedralbes-Sarrià. El Punt, 16 de abril de 2009